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6 de marzo de 2026
Bárbara Granja

Evaluaba de memoria al final del trimestre: lo que cambié

Era un viernes de diciembre, ocho de la tarde. Yo sola en casa, con el portátil abierto y una plantilla de Word que decía «Informe de evaluación · 1.er trimestre».

Una lista de nombres y un informe por cada uno. Miré la primera línea en blanco y pensé: «¿Por dónde empiezo?»

Empezaría por María. Busqué los apuntes que había ido tomando durante el trimestre: unas notas en el cuaderno, alguna ficha de observación, un par de ideas sueltas en el móvil. Había cosas apuntadas, pero cada una de un día distinto y sin conectar entre sí: no me decían cómo había evolucionado de octubre a diciembre.

«A ver cómo explico esto», pensé. Y aun así empecé a escribir: «María muestra un desarrollo adecuado en todas las áreas…», porque juntar todos esos apuntes sueltos en una idea de conjunto, con el tiempo que tenía, era casi imposible.

Un rato después, tenía otros informes que decían prácticamente lo mismo con palabras ligeramente distintas. Cerré el portátil con dolor de cabeza y la sensación de estar fallando como profe.

El error: evaluar de memoria al final

Cada curso empezaba llena de buenas intenciones. Buscaba o me creaba cuadernos y cuadrantes de observación, y me prometía registrarlo todo: cada actividad, cada avance, cada niño. Pero conforme avanzaba el trimestre, el día a día se comía el tiempo que podía dedicar a ese registro.

Y así, cada trimestre.

Creo que el problema no era la falta de observación: pasaba tiempo a su lado, me daba cuenta de sus pequeños avances, trataba de tomar notas cuando el día me lo permitía... Mi error era que esos apuntes se quedaban sueltos y desconectados, y al final del trimestre acababa tirando de memoria. Atender a tantos niños y niñas a la vez es una carrera constante de atención a lo que pasa en el aula, y esa carrera no deja margen para sentarse a registrar uno a uno todos los aspectos de cada alumno. Y claro, a la hora de evaluar, llegaban el estrés, la culpa y la sensación de entregar informes que no reflejaban lo que de verdad sabía de cada niño/a.

Lo que me hizo cambiar

Fue una conversación casual en la sala de profes. Una compañera comentó que se pasaba el trimestre evaluando y guardando todo en su cabeza y luego, a la hora de escribir, no se acordaba de nada. Yo respondí que me pasaba exactamente lo mismo. Otra compañera añadió algo que se me quedó grabado: evaluamos mentalmente todo el rato, pero no lo registramos, y la memoria es mala almacenando tres meses de toda una clase.

Ahí lo vi claro: el problema no era solo mi memoria. Era que no tenía un sitio ni una rutina fija para ir registrando y conectando lo que observaba cada día. Evaluar de memoria al final era el síntoma; lo que me faltaba era organizar ese registro durante el curso.

Lo que busqué y lo que ya sabía

Esa misma semana busqué en internet recursos y artículos sobre evaluación continua, observación sistemática y registros de seguimiento. En todas se repetía la misma idea, la que yo ya conocía pero no era capaz de llevar al día:

No evalúes al final. Evalúa durante.

Si nuestro trabajo se basa en este concepto ... ¿por qué a mí me costaba tanto?

Mi primer intento (y por qué fracasó)

Para el siguiente trimestre, cargada de intenciones y con un bonito cuaderno nuevo, me puse manos a la obra.

  • Primera semana: anoté todo. Cada actividad, cada niño, cada detalle.
  • Segunda semana: seguí, pero era muy lento y tedioso: «Madre mía, si es que son muchísimos».
  • Tercera semana: empecé a atrasarme. «Ya lo apunto luego»
  • Cuarta semana: el cuaderno acabó olvidado en un cajón.

Llegó el final del trimestre y volví a escribir los informes casi de memoria.

¿Qué falló? No el método, sino la forma de aplicarlo: demasiado manual y demasiado lento para sostenerlo en el día a día de un aula de Infantil. Necesitaba algo más ágil y menos parecido a «una tarea extra».

Lo que sí funcionó: registrar durante la actividad

Le conté el problema a un amigo programador: sabía que debía registrar durante el trimestre, pero escribir a mano o en un documento digital me llevaba demasiado tiempo.

Probamos algunas aplicaciones de observación. En las que probé, el problema era parecido: eran cuadernos digitales genéricos, sin una estructura pensada para la evaluación de Infantil y sin ayuda para convertir esas observaciones en informes.

De ahí nació la idea de crear algo que de veras fuese útil para mí. Había probado algunas plataformas de registro y evaluación pero ninguna se ajustaba a la agilidad que de verdad se necesita en Educación Infantil. Quería además algo que le diese sentido a todo, que me ayudase a cubrir de una forma real todos los criterios de evaluación que había programado y los conectase con mis observaciones en el aula.

Declaro lo obvio: soy la creadora de esa herramienta, así que lo que sigue es una experiencia contada por quien tiene interés en que funcione, y puedes tomarla con esa perspectiva.

Tras los primeros prototipos de la aplicación, comencé a ponerla en práctica en el aula. Y funcionó. La clave fue el hecho de poder evaluar durante las actividades, no después:

  • Antes de la app: hacía la actividad de psicomotricidad, pensaba «María lo hace genial, Juan aún necesita ayuda» y seguía con el día. Si tenía tiempo ese mismo día (o esa semana) lo apuntaba en el cuaderno, pero muchas veces quedaba en mi memoria. En diciembre ya no recordaba qué había hecho cada uno en esa actividad.
  • Después de la app: durante la actividad, o justo al terminar, con la tablet en la mano, marcaba el nivel de cada niño (Iniciado, Autónomo o Destreza) y guardaba.

Cuando llegó el final del trimestre, abrí el perfil de María y vi por primera vez un trimestre ordenado: las actividades en las que había participado, el nivel en cada una y cómo había ido evolucionando. No tenía que recordar ni inventar. Tenía que describir datos reales.

Qué cambió al usarla

En primer lugar, en el tiempo. Dejé de sufrir durante semanas rellenando un montón de informes tan sólo basándome en lo que recordaba, tenía apuntado por ahí o pensaba que sabía de los niños/as. El trabajo no desapareció, pero sin darme cuenta lo había ido realizando durante el trimestre en trozos pequeños.

En la calidad. Pasé de frases genéricas, o copiadas de un alumno a otro cambiando solo el nombre, a informes con ejemplos de actividades concretas y con la evolución a la vista.

En el estrés. Antes comenzaba a sentir malestar semanas antes de los informes, procrastinaba y me sentía culpable al entregarlos, porque no pensaba que reflejasen realmente lo que sabía de ellos/as. Con registros reales, el final de trimestre se volvió mucho más tranquilo.

Lo que aprendí

1. El problema no era la evaluación, era el método

Siempre supe cómo iba cada niño: lo observaba y tomaba nota cuando podía. El problema era confiar en que esos apuntes sueltos se pudieran juntar solos tres meses después. La solución no fue «evaluar más» ni «tomar más notas», sino tener un sitio y un momento para conectarlas durante el curso.

2. El tiempo era real: el problema era cuándo y cómo registrar

No tener tiempo para registrar cada aspecto de cada niño mientras atiendo a todo el grupo es real: no es una excusa, es la realidad del aula. Lo que cambié no fue sacar tiempo de la nada, sino pasar de hacerlo todo junto en una sola semana a repartirlo en pequeños momentos durante el trimestre.

3. La herramienta importa

Mi primer intento con el cuaderno falló porque era lento y no siempre lo tenía a mano. Necesitaba algo ágil, algo que, desde el móvil o la tablet, se registrase solo con unos pocos toques y de un vistazo.

4. No tienes que hacerlo sola

Durante mucho tiempo pensé que el problema era mío porque «así se hacía» y yo personalmente no era capaz de sobrellevarlo. Cuando empecé a hablar de mis problemas para evaluar, me di cuenta de que otras compañeras tenían el mismo problema.

Si volviera a empezar

Si pudiera darme un consejo a mí misma antes de aquellos primeros informes, sería este: no evalúes al final, evalúa durante. Ponte las cosas fáciles. No esperes a diciembre para intentar recordar cómo fue María en octubre. Es muy cansado llevar esa carga mental.

Y date permiso para cambiar. Que «siempre se haya hecho así» no significa que sea la mejor forma.

Cómo empezar tú este trimestre

No hace falta crear una herramienta ni cambiarlo todo.

  • Empieza con una actividad a la semana.
  • Elige uno o dos descriptores para observar.
  • Registra el nivel justo después, aunque sea en papel o en la app de notas del móvil.

Cuando tengas el hábito, mira cómo se organiza el ciclo completo (planificar la actividad, evaluarla, ver las métricas y llegar al informe) en la guía de evaluación continua en Infantil.

Si estás ahora mismo en plena redacción de informes, quizá te vengan bien cómo redactar un informe que las familias entiendan y las 200 frases para informes de Infantil. Y para ver la estructura completa de un informe, el modelo de informe de evaluación de Infantil.

Si quieres probar la herramienta que creamos

Informes Infantil es un planificador y evaluador de actividades con métricas y rúbricas personales. De ahí salen dos cosas: un registro completo de la evaluación de tu grupo, y el informe para las familias. El informe sale en castellano y en un segundo idioma (valenciano, catalán, gallego, euskera o inglés), como borrador que tú revisas, y la IA no recibe el nombre ni los apellidos del alumnado.

Gratis hasta 5 informes, sin tarjeta. Ver el tutorial o crear tu cuenta gratis.

¿Tú también te agobias cuando llega la evaluación trimestral? Cuéntamelo en info@informesinfantil.com.

Sobre mí: Soy Bárbara Granja, maestra de Educación Infantil en un colegio público de la Comunitat Valenciana, y soy quien creó Informes Infantil.

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